El amanecer, el momento en que la luz gana a la oscuridad, el momento en el que se pasan los testigos los moradores de las penumbras a aquellos seres, vivarachos, pintado de mil colores, algunos con sonidos y trinos que bien merecerían un compositor que escribiera para siempre la sinfonia del mundo natural al amanecer.
Aquí, en la Campiña Sur de la Baja Extremadura, donde todavía puede olerse la crin de la madre tierra, donde todavía puede verse al ser humano, como animal, enraizado en lo natural, simbiótico, donde todavía pueden respirarse esos aires puros tan escasos en los mundos de hoy.
Grandes civilizaciones pasaron por estos lugares, siguiendo los tesoros que guarda Natura en sus entrañas, como prueba de esto, la Alcazaba del pueblo de Reina, altanera, observadora de muchos ires y venires de los seres humanos a lo largo de su historia.

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